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Doers: Cómo educar hijos hombres

 

 

Las estadísticas nos vienen mostrando cómo las mujeres están superando a los hombres en varios aspectos de la vida. Según el NCES, por ejemplo, la tasa de abandono de estudios superiores ha venido subiendo progresivamente para los hombres y disminuyendo para las mujeres, al punto que hoy 33,4% de los primeros dejan los estudios en sus primeros 3 años, en tanto que solo un 27,3% de las segundas lo hacen. Como apunta el prestigioso médico norteamericano, Leonard Sax, desde hace 20 años los niños están siendo cada vez menos ambiciosos en sus proyectos y menos resilientes, comparados con sus pares las niñas.

La educación actual está promoviendo y volviendo a poner de moda la educación diferenciada como un buen medio para potenciar el desarrollo al máximo, tanto de los varones como de las mujeres.  Justamente los estudios muestran cómo los alumnos provenientes de entornos de este estilo educativo no tienen la alta tasa de deserción mencionada líneas arriba, sino que más bien se hacen estadísticamente equivalentes. Un colegio diferenciado es una muy buena opción, pero esto puede no ser suficiente si los padres no trabajan en casa estrategias específicas: ellos son los primeros y principales educadores.

Aunque las ideas para dar son muchas, me centraría en dos puntos clave.  Primero, en el varón es muy importante el sentido de exploración del mundo, del riesgo, por lo que es fundamental –en palabras de Sax- educarlos de tal manera que let him be a boy.  En cuanto al segundo punto, esta tarea se hace imposible si los padres ejercen su función como “padres helicóptero”, es decir, que están todo el día encima de los hijos y  no les dejan espacio para encontrarse con lo cotidiano:  el esfuerzo, el sudor, el dolor, el disgusto, las pequeñas peleas con los compañeros.  Todo esto generará un desarrollo positivo en ellos, cuando se maneja bien, desarrollando la tolerancia a la frustración y haciéndolos capaces de ser perseverantes en sus propósitos.

En esta escuela, el papel de los padres, y especialmente del papá es importantísimo.  Y se ejerce este papel en el diálogo, en el contacto verbal y lúdico.  Por eso, qué fructífero es, para los más jóvenes, leerles antes de dormir o contarles historias.  Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura, lo expresa así: “son nuestros padres quienes nos cuentan esas primeras experiencias vitales nuestras y nosotros obtenemos cierto escalofriante placer escuchando nuestra historia como si aquellas palabras y aquellos primeros pasos fueran de otro”   Y respecto al papel del padre, cuenta en ese mismo libro: “aparte de que en ocasiones se dejara llevar por el mal genio, mi padre era un hombre que estaba satisfecho con su vida, consigo mismo, con su apostura, con su inteligencia y con su suerte y que jamás ocultaba aquellos motivos de alegría gracias a un infantilismo y a una simpatía que nunca le abandonaban (...) Le gustaban los chistes, los juegos de palabras, los trabalenguas, recitar poemas de memoria, exhibir su inteligencia y subirse a un avión e irse lejos. No era en absoluto de esos padres que riñen, prohíben y castigan. Especialmente en los primeros años de mi infancia, cuando salía por ahí y jugaba con él, sentía que el mundo era un lugar divertido al que el hombre venía para ser feliz”.

Vuelvo la mente atrás y me veo en esos juegos infantiles bajo el aire tibio de primavera, o en la sala de mi casa cautivado con los cuentos e historias de mis padres y abuelos, siempre coloridos, siempre dejando en mi un sabor de inmensidad que todavía no termino de alcanzar del todo y agradezco esa tarea que hicieron conmigo.

 

Por Renzo Forlin

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