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Blog del director: Superagente 86

Creo que tal vez muchos de los lectores recuerden lejanamente esta popular serie de TV de los años 70 y su remake de los 90.  En plena guerra fría, esta divertida comedia nos mostraba al “Agente 86”, acompañado de su infaltable colega y luego esposa “Agente 99”, luchando contra las oscuras fuerzas de la agencia secreta enemiga “Kaos”. 

Hoy vivimos en un medio donde se mueven muchísimas fuerzas que tal como Kaos, buscan destruir el buen orden social e intentan configurar un “mundo nuevo”.  Son aquellas que intentan configurar nuevos patrones de vida so pretexto de un relativismo rampante donde todo vale.  Y esas fuerzas están presentes en todos los momentos de la vida diaria: en la música, en internet, en los diarios, en los avisos, en los comentarios boca a boca…  Como toda agencia de espionaje, su presencia pasa desapercibida y por eso es más peligrosa.

A nadie le gusta quedar a merced de los enemigos.  Sin embargo, como adultos, tenemos capacidades de defensa y de filtraje mayor –por lo menos aparentemente- y podemos poner barreras a esa labor destructora.  Sin embargo, nuestros hijos, en pleno proceso de formación y sin elementos previos para identificar con claridad los errores y engaños del enemigo, se encuentran a merced de estas situaciones. Entonces, ¿qué hacer?

En primer lugar, reconocer que cada uno tiene capacidad de configurar el mundo que lo rodea.  Es más, tenemos el deber de hacerlo. de servir de guía, de orientadores, de líderes que marquen el camino a seguir, que señalen el norte al cual llegar.  En el Colegio Alpamayo tenemos la fortuna que el proceso formativo de alumnos y padres es bastante coherente y proporciona continuamente elementos de juicio para educar sana y exitosamente a los hijos y así contribuir a una sociedad pujante y creadora, donde todos sepan convivir.

En esta tarea es imprescindible mantener encendidas las “frecuencias de comunicación”.  Nuestro amigo Max agente 86 solía usar el famoso “zapatófono” para comunicarse con su central.  Sin comunicación, no hay posibilidad de mejora.  En esta línea el colegio hace un esfuerzo por acrecentar el material que ponemos a disposición de los padres.  Por eso, además de nuestro boletín hemos comenzado a publicar la “Colección” de temas de formación para que cada miembro de la comunidad encuentre pautas para la formación del carácter, para la mejora académica y para el desarrollo moral de los hijos y de cada uno.

Comunicación es una palabra mágica.  También para el propio matrimonio.  Pensemos cómo va ese diálogo abierto y profundo que cada uno debe tener con su cónyuge.  Revisemos si los pequeños roces del día a día, o los acontecimientos de mayor impacto han ido minando esa capacidad de abrirse al otro. Comunicar es darse.  Cuando uno no se da, piensa solo en si mismo, la comunicación se pervierte y se convierte en mera información cuando no en diálogo de sordos y, por último, en un monólogo.  A veces, para recomponer ese diálogo se requiere intervención experta.  Otras, las más, basta la sencillez de bajarse del pedestal, tener un poco de vida interior –práctica personal de la oración-meditación y constancia de sacramentos- y ponerse en el lugar del otro para romper esas barreras.

Tomemos fuerza y comprendamos que hoy el mundo necesita de matrimonios dispuestos a ser “agentes de la verdad”, que como el “86” y la “99” trabajemos para el lado bueno, con sentido del humor y optimismo.  ¡No tengamos miedo a configurar el mundo, dándole nuestra propia forma!

Tenemos el deber de configurar el mundo que nos rodea. 

Renzo Forlin

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