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La educación por medio de Superhéroes

Vivimos en lo que Lyotard llamó la Postmodernidad, un tiempo no exento de paradojas. Si para Lyotard uno de los rasgos distintivos de la Postmodernidad es la ausencia de los “grandes relatos”, como contraparte observamos cómo muchos de éstos, lejos de disolverse y desaparecer, vuelven en el tiempo con una envoltura distinta, pero sin perder su encanto original. 
 
Este es el caso de las mitologías, que en casi todas las culturas humanas han estado presentes, sean como factor de cohesión social  o como base para el asentamiento de los valores representativos de éstas. 
 
Ami entender, las historias contemporáneas de superhéroes son una suerte de nueva mitología en las que perviven y son expuestas las virtudes más representativas de nuestra cultura occidental. Sea en un cómic, una serie de TV o una película, veo con interés y agrado cómo se exalta la generosidad de Supermán, la prudencia de Batman, la audacia de Spiderman, la sobriedad de la Mujer Maravilla, la lealtad de los Cuatro Fantásticos, la paciencia de Flash, la fortaleza de Hulk, el orden de Thor, el optimismo de Ironman y la humildad del Chapulín Colorado. 
 
Creo que esto tiene un considerable valor formativo, y teniendo en cuenta que en el postmodernismo también pulula un nocivo relativismo ético-moral, el aprovechamiento positivo de las historias de superhéroes constituye una oportunidad para formar en valores y fomentar las virtudes de un modo ameno y entretenido. Dicho en una sola palabra: EDUCAR.
 
¿Cómo educamos con los superhéroes?
Debemos afirmar que el lugar por excelencia para educar en las virtudes humanas es la familia. Sencillo darse cuenta de esto, pero no tan sencillo ponerlo en práctica.
 
Educadores de la talla de David Isaacs u Oliveros F. Otero, coinciden en afirmar que la familia es la primera escuela de las virtudes humanas. Al ser la familia una organización natural, el proceso de adquisición de virtudes empieza por desarrollar y ayudar a desarrollar en los otros miembros lo que es más natural de cada uno: su intimidad . 
 
Para desarrollar la intimidad es necesario desarrollar el conocimiento de uno mismo, para así caer en la cuenta de qué potencialidades tengo y qué tanto puedo llegar a mejorar. Esta mejora implica el “tenerme”, para darme a los demás. Por eso David Isaacs dice que:
 
“ En la familia se puede conseguir que las personas desarrollen las virtudes motivadas por el amor, por saber que todo miembro de la familia tiene el deber de ayudar a los demás miembros a mejorar, porque mientras uno convive con otras intimidades en una organización natural, lo que crece o lo que se enferma es un mismo cuerpo, una misma entidad, la familia”. 
 
En esa línea, se puede afirmar que una familia actúa como tal cuando sus miembros se esfuerzan por ser virtuosos. Cuando existe la ilusión y la alegría por querer ser mejor para los que se ama: los hijos, los padres, los hermanos. 
 
Pero Isaacs advierte que este proceso puede anularse cuando entre sus miembros la atención se centra en los comportamientos triviales y visiones mezquinas de la vida. Por ello, los padres pueden utilizar los cómics, series y películas para mostrar el heroísmo y el ejercicio de las virtudes de nuestros superhéroes de un modo atractivo para niños y adolescentes. Se genera un espacio de reflexión crítica y de intercambio de pareceres que integra a padres e hijos teniendo en cuenta los siguientes puntos:
 
1. La humanidad siempre ha necesitado de héroes 
Desde la mitología griega, el héroe siempre se hacía presente para ayudar a su pueblo, devolviéndole la esperanza de recobrar el rumbo perdido, devolviéndole la fe de seguir creyendo en un futuro y en su propia gente. El mensaje contemporáneo es más poderoso, y es que nuestros suúperhéroes se encuentran entre la multitud, por lo que a pesar de no ser visibles todo el tiempo, podemos guardar la calma sabiendo que “están aquí”. 
 
2. Ante la irrupción del mal es un deber combatirlo (heroicamente) hasta derrotarlo.
El supervillano  no tiene escrúpulo en herir o lastimar a quienes se interpongan en sus planes, así como pervertir a quienes tenga que hacerlo. En ambos casos, el malvado se hunde en el mal tal punto de no poder reconocer al otro como una persona al estar cosificándola. Lo grandioso de los superhéroes es que ellos no permanecen impasibles ante fuerzas que pudieran superarlos, sino que, ante la irrupción del mal, no dudan en enfrentarlo hasta vencerlo… aunque les cueste la vida.
 
3. Los superhéroes nos enseñan que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. 
Famoso consejo del tío Ben al joven Peter Parker. Aquí se presenta la figura de los dones o talentos recibidos, que, desde una perspectiva cristiana, deberán ser puestos al servicio del bien.
 
4. Los superhéroes no toman las riendas de nuestros destinos, nos ayudan y se van.
Nuevamente se revela en este punto una clara reminiscencia teológica católica y es que Dios no acaba con el mal sin la cooperación nuestra, ni sin tomar en cuenta nuestros esfuerzos y nuestras luchas por hacernos mejores (más santos) haciendo mejor este mundo (santificándolo). 
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